La Vida
Los problemas y las dificultades son parte inevitable de la vida.
Poder innato
Reside en las profundidades de nuestro ser, el poder superar las aflicciones de la vida.
Budismo Nichiren
El budismo Nichiren es una escuela del budismo que se basa en la práctica del canto de Nam-myoho-renge-kyo, una oración derivada del Sutra del Loto, basado en las enseñanzas del monje japonés Nichiren (1222-1282) que permite a todas las personas transformar su estado de vida y experimentar la felicidad absoluta en el transcurso de esta existencia.
Fundamentos y Principios
Nam Myoho
Rengue Kyo
Un canto que se entiende como un juramento de no rendirse ante las adversidades para alcanzar la felicidad.
01El Gohonzon
La escritura sagrada del Nam-myoho-renge-kyo, que ocupa un lugar de honor en el hogar o templo rindiéndole respeto y veneración.
02Reuniones de diálogo
Encuentros periódicos en pequeños grupos en los que los miembros estudian y aplican los principios budistas en sus vidas cotidianas.
03Los diez estados
Representan distintos estados de ánimo y tendencias de carácter. Van desde el infierno hasta la Buda-naturaleza.
04¿Qué es el karma?
El karma es un principio del budismo que explica el funcionamiento de causa y efecto que se extiende más allá de la vida y la muerte.
05Simultaneidad
de causa y efecto
El logro de la felicidad no requiere un cambio radical en nuestra naturaleza y es una posibilidad de nuestra vida en cada momento.
06Nam Myoho Rengue Kyo
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Los problemas y las dificultades son parte inevitable de la vida. La esencia del budismo yace en la convicción de que todos poseemos en nosotros mismos la capacidad de superar esas aflicciones. Ese poder innato, que reside en las profundidades de nuestro ser, es la función de la Ley o principio fundamental que subyace a todas las manifestaciones de la vida y del universo.
Shakyamuni, fundador del budismo, despertó a esta ley por primera vez hace unos 2500 años cuando descubrió que la capacidad de transformar el sufrimiento existía de forma innata en su propia vida y en la vida de todas las personas.
Dicha ley fue percibida por Nichiren, maestro budista del siglo XIII, quien la llamó “Nam-myoho-renge-kyo”. Nichiren desarrolló un método concreto de práctica basado en el Sutra del loto, que permite a todas las personas manifestar en su vida el poder de dicha ley.
La práctica de entonar Nam-myoho-renge-kyo también puede describirse como un juramento, en la medida en que expresa nuestra determinación de aceptar y manifestar nuestra naturaleza de Buda. Es el compromiso frente a uno mismo de no retroceder jamás ante las dificultades y de transformar las propias aflicciones. Y, a la vez, es la promesa de ayudar a los semejantes a activar esa ley en su propia vida para ser felices.
Myoho-renge-kyo es el título del Sutra del loto en japonés. Nam proviene del término sánscrito namas, que significa “consagrarse” o “dedicarse”. En este caso, denota la creencia y la aceptación de la ley.
Myo puede traducirse como “místico” o “prodigioso”, y ho significa “ley”. Esa ley se define como “mística” porque nos resulta difícil abarcar con la mente la realidad de que las personas comunes, sujetas a la ilusión y a los sufrimientos, somos budas de manera inherente y, como tales, podemos superar cualquier dificultad o padecimiento mientras ayudamos a otros a hacer lo mismo.
Renge significa “flor de loto”. Esta flor, pura y fragante, no se deja contaminar por la impureza del agua estancada donde crece. Del mismo modo, la belleza y la dignidad de nuestra condición humana se manifiestan en el contexto de los sufrimientos de nuestra realidad cotidiana. Además, a diferencia de otras plantas, el loto da flor y fruto al mismo tiempo; esto simboliza el principio budista de la simultaneidad de causa y efecto. Dicho de otro modo, en cualquier momento podemos activar el poder de la Ley Mística en nuestra propia vida.
Kyo, literalmente, quiere decir “sutra”. Aquí se refiere a esa Ley Mística comparable con la flor de loto, que permea el universo como principio fundamental y como verdad invariable. Entonar Nam-myoho-renge-kyo es un acto de fe en la Ley Mística y en la magnitud de las posibilidades latentes en nuestra vida. Nam-myoho-renge-kyo no es una frase mística que conjura algún poder sobrenatural; tampoco es una entidad que nos trasciende y de la cual dependemos. Es el principio según el cual, aquellos que viven con seriedad y hacen esfuerzos perseverantes pueden superar todos los obstáculos y construir una vida plena y feliz.
El Gohonzon
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El budismo Nichiren es revolucionario en el mundo de las enseñanzas budistas, porque expone que todas las personas son capaces de manifestar el estado de budeidad en esta existencia, siendo tal como son.
El Gohonzon es un rollo de escritura con caracteres chinos y sánscritos, que facilita a los practicantes del budismo Nichiren el proceso de percibir y activar desde el interior de su vida el propio estado de budeidad.
Nichiren inscribió el Gohonzon como representación de su elevado estado de vida, tomando como referencia una escena del Sutra del loto conocida como la “Ceremonia en el Aire”. En su transcurso, surge de la tierra una torre de dimensiones colosales, adornada con toda clase de tesoros y piedras preciosas, y los budas y otros seres del universo se reúnen a su alrededor para escuchar al Buda predicar la Ley.
En el centro del Gohonzon se lee “Nam-myoho-renge-kyo”. Y, a ambos lados aparecen los nombres de esos budas, bodisatvas y seres que representan diversas condiciones subjetivas de la vida, conocidas como los “diez estados”. La inclusión de los mismos en el Gohonzon significa que todos los seres pueden revelar su naturaleza iluminada intrínseca al recitar Nam-myoho-renge-kyo, la entidad de la sabiduría y el amor compasivo del Buda eterno.
La palabra “Gohonzon” (en japonés) se traduce como “objeto de devoción”. Cada practicante del budismo Nichiren tiene en su casa un altar donde entroniza el Gohonzon. La práctica cotidiana, que consiste en entonar Nam-myoho-renge-kyo y en recitar partes del Sutra del loto ante el Gohonzon, es un acto que reafirma y reverencia la dignidad del propio ser y de todas las formas de vida.
Entonar Nam-myoho-renge-kyo al Gohonzon activa la naturaleza de Buda que cada persona posee en sí misma en forma innata. Los practicantes experimentan, en este proceso, un incremento de su sabiduría, valentía, benevolencia y vitalidad, que los empodera para superar sus diversos desafíos y expresar su brillo como seres humanos, tal como son.
En cierto sentido, el Gohonzon es un plano que describe el potencial ilimitado de nuestra vida interior. No es la representación de algo que nos falte o que debamos adquirir apelando a una fuente externa. Es, a su vez, la expresión del mundo como debiera ser; es decir, un lugar donde hayamos resuelto todos los problemas que aquejan esta época conflictiva.
En esa Ceremonia en el Aire que se narra en el Sutra del loto, un momento crucial es la sorpresiva aparición de los Bodisatvas de la Tierra, que se presentan ante la asamblea en multitud incalculable. Estos seres, cuyo aspecto es el de la budeidad, son discípulos del Buda que han jurado proclamar las enseñanzas de este último en la época posterior a su muerte, para transformar un mundo atravesado de sufrimientos y de disputas, y guiar a las todas personas hacia la felicidad.
En el nivel más profundo, entonar Nam-myoho-renge-kyo al Gohonzon tal como enseñó Nichiren es asumir, en la propia vida, la misión de estos Bodisatvas de la Tierra. Así pues, aceptando la herencia espiritual de Shakyamuni y de Nichiren, y su legado de construir un mundo de paz y de dicha para todos los seres humanos, los miembros de la Soka Gakkai procuran manifestar la budeidad en el contexto de su vida cotidiana y ayudar a otros a emprender este mismo proceso.
Reuniones de diálogo
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Los miembros de la Soka Gakkai llevan a cabo la práctica budista en sus hogares, pero también se reúnen periódicamente en su comunidad o vecindario. La tradición de las reuniones de diálogo en grupos reducidos se remonta a los primeros días de la organización, en el Japón de la década anterior a la guerra. Estos encuentros son un punto de convergencia donde los miembros estudian los principios budistas y la forma de aplicarlos en su vida cotidiana.
En general, se celebran una vez por mes, y casi siempre en los hogares de los practicantes. Allí, los participantes tienen oportunidad de entablar relaciones significativas en un marco de camaradería y de pertenencia comunitaria.
Un elemento central en las reuniones de diálogo de la Soka Gakkai es el relato de experiencias en la fe, que permiten apreciar los avances en la vida de la gente por medio de la práctica budista. El ejemplo de quienes enfrentan y resuelven dificultades alienta a otros a abordar sus propios problemas.
De esa manera, las experiencias individuales de avance sirven para inspirar un movimiento más amplio de transformación social.
Los diez estados
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Día a día, momento a momento, nuestro estado de vida es susceptible de cambio. Podemos despertarnos sintiéndonos llenos de alegres expectativas ante la idea de la cercanía del fin de semana, para pasar después a ser engullidos por la rabia en el camino al trabajo a causa del tráfico. Al llegar tarde a la oficina, nos atemoriza la idea de la desaprobación de nuestro jefe. Luego, cargados con una tarea de trabajo inesperada y ante la idea de que nuestro fin de semana desaparezca bajo un montón de papeleo, comenzamos a sentirnos atrapados y resentidos. Pero al notar el estrés y la infelicidad de un colega, le ofrecemos aliento y ayuda y comenzamos a sentirnos mejor nosotros mismos.
El budismo categoriza este abanico aparentemente infinito de estados de vida en diez “estados” internos. Este concepto de los “diez estados” ofrece un marco útil para comprender tanto la naturaleza cambiante de nuestros estados de ánimo como la naturaleza o tendencias básicas de nuestro carácter. De forma aún más significativa, nos proporciona el sentido de las inmensas posibilidades inherentes a la vida en cada momento.
El principio de los diez estados es la base de la visión budista de la vida. Los estados, citados en orden ascendente en función del grado de libre albedrío, compasión y felicidad que uno experimenta, son los siguientes: (1) infierno, (2) entidades hambrientas, (3) mundo de la animalidad (4) asuras, (5) seres humanos (6) seres celestiales, (7) los que escuchan la voz, (8) los que toma conciencia de las causas, (9) bodhisattvas y (10) budas.
En algún momento en la India antigua, se pensaba que estos mundos eran ámbitos distintos, separados y fijos en los que los seres humanos nacían de acuerdo con el bien o el mal que habían realizado en vidas pasadas. Se creía que se repetía interminablemente el ciclo de nacimiento y muerte confinados a uno de los primeros seis estados (del estado del infierno al estado de los seres celestiales), también conocidos como los “seis caminos”.
El budismo se desarrolló en este contexto como una práctica que ofrecía la posibilidad de trascender y liberarse de estos seis caminos. Entre las enseñanzas del budismo, el Sutra del loto revolucionó aún más este paradigma, enseñando que los diez estados son diez estados de vida equitativamente inherentes a cada ser vivo en cada momento.
Las enseñanzas anteriores al Sutra del loto enseñaban que es posible nacer en un estado de vida más elevado o más iluminado dependiendo de las acciones de cada uno, concretamente a través de realizar actos benevolentes y practicar el camino del Buda. Al acumular buenas acciones, uno compensa la balanza de los malos actos que pueda haber acumulado.
El Sutra del loto, por el contrario, enseña que los estados de vida del total de los diez estados, incluido el de la Budeidad, están presentes en nuestra vida de forma inherente. La vida, en cada momento, manifiesta uno de los diez estados y, cada uno de estos mundos posee el potencial de la totalidad de los diez dentro de él (el principio de “la posesión mutua de los diez estados”). Por lo tanto, es posible abrir en cualquier momento cualquiera de estos estados de vida, incluido el de la Budeidad, a través del contacto con un estímulo externo que así nos lo permita.
El estímulo que abre el estado de la Budeidad es la enseñanza que expone la verdad de la iluminación del Buda, es decir, la posibilidad de abrir inmediatamente este estado dentro de uno mismo. Nichiren corporificó esta enseñanza y principio en el objeto físico del Gohonzon, un pergamino inscrito con caracteres chinos. Él enseñó que al recitar Nam-myoho-renge-kyo al Gohonzon con fe en nuestra Budeidad inherente, podemos abrir el estado de la Budeidad dentro de nosotros y aprovechar las virtudes del Buda, tales como la sabiduría, el amor compasivo y el coraje.
Del infierno a la Budeidad
El estado del infierno es un estado de vida en el que uno es prisionero del sufrimiento y carece por completo de libertad. Vivir resulta en sí mismo doloroso, y todo lo que vemos está teñido por nuestra infelicidad y tristeza. El estado de las entidades hambrientas, o el estado de vida de hambre, es un estado en el que uno está espiritual y físicamente atormentado por un ansia insaciable. El estado de los animales, o el estado de vida de la animalidad (que refleja la antigua concepción india de la naturaleza de los animales) se caracteriza por la estupidez, en el sentido de movernos por impulsos y preocuparnos solo por el beneficio y la gratificación inmediatos. En esta condición, se carece de la capacidad de emitir juicios morales y éticos. Debido a que los estados del infierno, las entidades hambrientas y la animalidad representan condiciones de sufrimiento, se los conoce conjuntamente como los “tres malos caminos”.
En la antigua mitología india los asuras eran demonios pendencieros. Una característica del estado de los asuras, o del estado de vida de ira, es la obsesión con la superioridad personal o con la propia importancia, una tendencia a compararse siempre con los demás y querer ser mejor que ellos. Otra característica de este estado de vida es la “perversidad” de ocultar los propios sentimientos para congraciarse con los demás.
El estado de los seres humanos, o el estado de vida de humanidad, es un estado tranquilo, sereno y humano. Las personas en esta condición comprenden el principio de causa y efecto y poseen el suficiente raciocinio para conocer la diferencia entre el bien y el mal. Sin embargo, este estado de vida es vulnerable ante condiciones externas negativas y no puede ser sostenido sin un esfuerzo constante de superación y desarrollo personal.
En la India antigua, se creía que aquellos que realizaban buenas acciones en su vida presente renacerían como deidades en el reino celestial. En el budismo, el estado de los seres celestiales, o el estado de vida de éxtasis, es considerado como la condición de alegría o euforia que experimentamos cuando nuestros deseos se cumplen. Sin embargo, esta alegría no es duradera. Se desvanece y desaparece con el paso del tiempo y a medida que las situaciones cambian.
Los estados comprendidos entre el infierno y las entidades celestiales, los “seis caminos”, son fácilmente influenciables por las circunstancias externas, por lo que estos estados de vida no son verdaderamente libres ni autónomos. El budismo alienta a las personas a trascender los seis caminos y a desarrollar un estado de felicidad autónomo a través de la práctica budista.
El estado de los que escuchan la voz es el estado de vida alcanzado por aquellos que obtienen un despertar parcial a través de escuchar las enseñanzas del Buda, mientras que el estado de los que toman conciencia de las causas se refiere al estado de vida alcanzado por aquellos que obtienen un despertar parcial a través de sus propias observaciones y esfuerzo. Estos dos estados de vida se caracterizan por la toma de conciencia del principio de causa y efecto, así como de la verdad de que nada en la vida es permanente. Esta es la base de la comprensión de que el apego a cosas diversas es una fuente de sufrimiento y que eliminar el apego conduce a la liberación.
La limitación de estos estados de vida es una tendencia hacia el egocentrismo y el ensimismamiento. En las escrituras budistas Mahayana, tales discípulos fueron criticados por el Buda a causa de una especie de autosatisfacción que los hacía reacios a ir más allá de los límites de su parcial despertar y esforzarse por la plena iluminación del Buda.
Las personas en el estado de los bodhisattvas se esfuerzan por alcanzar la iluminación del Buda. Lo que los distingue es su aspiración al estado de vida iluminado manifestado por su mentor, el Buda, que trabaja incansablemente para liberar a las personas del sufrimiento. Los bodhisattvas se caracterizan por la compasión y el altruismo, la empatía hacia el dolor y las preocupaciones de los demás y el deseo de ayudarlos a aliviar ese sufrimiento y encontrar la alegría.
Por último, el estado de la Budeidad describe el estado de vida de mayor nobleza que un ser vivo puede manifestar. Sin embargo, no se trata de un estado sobrehumano o sobrenatural. El término “buda” significa “despierto”. Un buda ha despertado al principio fundamental de la “Ley Mística”, es decir a que toda vida posee un valor intrínseco e irremplazable y que todos los seres vivos son capaces de aprovechar sus fortalezas únicas y crear así valor en ellos mismos y en su entorno. En otras palabras, cada ser vivo es, en sí mismo, una manifestación de la Ley Mística. Aquellos que despiertan a este principio y basan en él sus acciones, son budas.
Aunque el estado de vida de la Budeidad es en origen inherente a cada uno de nosotros, resulta difícil manifestarlo en nuestra vida cotidiana. La práctica budista establecida por Nichiren (la de recitar Nam-myoho-renge-kyo, o devocionarnos a la Ley Mística) es revolucionaria porque proporciona un medio para que todas las personas manifiesten el estado de la Budeidad en cualquier momento, independientemente de sus circunstancias.
Este estado de vida de la Budeidad se puede describir en términos contemporáneos como un estado de felicidad absoluta e indestructible que no se ve afectado por cambios o dificultades circunstanciales. Aunque esto no implica verse libre de sufrimientos y problemas, sí indica la posesión de una fuerza vital vibrante y sólida y una abundante sabiduría para desafiar y superar todos los sufrimientos y dificultades que podamos encontrar. Más importante aún, en palabras de Daisaku Ikeda, alcanzar la Budeidad significa “arraigar en la vida el sentimiento sincero de anhelar la felicidad de uno mismo y de los demás, y emprender continuamente acciones constructivas, con esa postura”. Es un estado de vida de máxima esperanza y plenitud.
¿Qué es el karma?
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Algunos de nuestros problemas y sufrimientos están causados por acciones y decisiones que hemos tomado en esta vida. Pero para algunos no encontramos ninguna causa aparente. Esto puede hacernos pensar: "No he hecho nada malo, así que ¿por qué me pasa esto a mí?
El budismo enseña el principio del karma: que muchos acontecimientos y condiciones que experimentamos en esta vida son el resultado de acciones que hemos realizado en vidas anteriores. Karma es una palabra sánscrita que significa "acción". Explica el funcionamiento de causa y efecto que se extiende más allá de los límites de la vida y la muerte. Nuestras acciones de pensamiento, palabra y comportamiento son como semillas que se implantan en nuestras vidas. Estas causas pueden permanecer latentes como "efectos latentes" en la vida actual y en vidas futuras. Sin embargo, en determinados momentos y bajo ciertas condiciones, se revelan como "efectos manifiestos", es decir, resultados o recompensas kármicas que experimentamos de forma tangible. Así pues, el karma es la acumulación de acciones de existencias anteriores que permanecen latentes en nuestro interior hasta que aparecen como efectos en esta vida. Este karma puede ser bueno o malo, aunque la gente tiende a ver el "karma" como malos resultados derivados de malas acciones en el pasado.
El budismo enseña que la vida no es sólo una cuestión del presente, sino un continuo de vidas pasadas, presentes y futuras: las "tres existencias" de la vida. Nuestras acciones en cualquier momento pasan a formar parte del continuo de causa y efecto que abarca estas tres existencias. Las malas causas en vidas pasadas o presentes, como menospreciar o herir a otros, robar o mentir, etc., se expresan en vidas presentes o futuras como malos efectos, que nos traen sufrimiento y problemas. Éste es el principio de causa y efecto que enseñan generalmente el budismo y la mayoría de las filosofías orientales. Nichiren Daishonin lo llama la "ley general de causa y efecto". Y aunque es importante comprender este principio, ser conscientes de él por sí solo no basta para cambiar nuestras vidas.
Adoptar este punto de vista requeriría que, para librarnos del mal karma, negáramos cada causa mala que hayamos hecho alguna vez haciendo una causa buena en su lugar, una a la vez, durante incontables vidas. Por supuesto, también tendríamos que abstenernos de hacer más causas malas. No habría forma de transformar nuestros sufrimientos derivados del karma directa o rápidamente en esta vida. Atados a esta creencia, muchos sutras budistas enseñados antes del Sutra del Loto sostienen que cambiar el karma de uno requiere incontables eones de prácticas austeras. Esta pesada visión del karma, en última instancia, no inspira esperanza.
Afortunadamente, Nichiren no hace hincapié en esta visión general del karma o de la causa y el efecto. En cambio, se centra en el principio y la práctica de cambiar el karma.
En "Carta desde Sado", hace un pronunciamiento revolucionario al afirmar: "Mis sufrimientos, sin embargo, no son atribuibles a esta ley causal" (Los escritos de Nichiren Daishonin, vol. 1, pág. 305). Aquí, expresa que las grandes persecuciones que está enfrentando no pueden ser explicadas por el punto de vista general de la causalidad.
Más bien, continúa, estos sufrimientos surgen de su calumnia del Sutra del Loto en las existencias presente y pasada. Por "Sutra del Loto" no entiende simplemente una escritura budista, sino la Ley o principio más profundo que el sutra encarna. Éste constituye la enseñanza correcta de que todas las personas pueden revelar su budeidad, el principio de respeto por el valor y la dignidad del ser humano y la norma de esforzarse por alcanzar la felicidad propia y la de los demás. Calumniar el Sutra del Loto significa no reconocer o menospreciar estos valores intrínsecos a la vida misma; significa negar que la propia vida y las vidas de todos los demás son preciosas encarnaciones de la Ley Mística, que es la fuente de estos ideales. Esta relación adversa con la Ley Mística constituye una causa negativa profundamente arraigada que da lugar a diversas formas de mal karma.
Para cambiar el karma que surge de rechazar o calumniar esta Ley fundamental, necesitamos hacer la buena causa más fundamental, que es proteger y difundir esa Ley por el bien de la felicidad de las personas. Esto significa creer en la enseñanza correcta de la Ley Mística, practicarla correctamente y defenderla, protegerla y enseñarla a muchas personas. De esta forma, podemos cambiar inmediatamente la dirección de nuestras vidas, de una destinada al sufrimiento a una de creciente poder y alegría derivada de la ley de la vida. Este es el proceso de cambio del karma en el Budismo de Nichiren. La fuente de esta transformación es la práctica de cantar Nam-myoho-renge-kyo. Cuando lo hacemos, "entonces la hueste de pecados, como la escarcha o el rocío, puede ser borrada por el sol de la sabiduría" (El Sutra del Loto y sus Sutras de Apertura y Clausura, pág. 390). Refiriéndose a este pasaje del Sutra Digno Universal, Nichiren compara nuestro karma negativo pasado con la escarcha o el rocío que se ha acumulado en la vida de uno. Cuando creemos en el Gohonzon y nos aplicamos a entonar Nam-myoho-renge-kyo tanto para nosotros como para los demás, el mundo de la Budeidad emerge dentro de nuestras vidas como el sol, disipando nuestros impedimentos kármicos tal como la cálida luz del sol de la mañana evapora la escarcha o el rocío.
Simultaneidad de causa y efecto
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El budismo enseña que la ley de causa y efecto subyace en el funcionamiento de todos los fenómenos. Los pensamientos, palabras y acciones positivas crean efectos positivos en las vidas de las personas, y conducen a la felicidad. Los pensamientos, las palabras y las acciones negativas, por otro lado, y que de alguna manera socaven la dignidad de la vida, conducen a la infelicidad. Este es el principio general del karma.
En enseñanzas budistas distintas del Sutra del loto, la práctica budista se entiende como un viaje gradual de transformación. Este es un proceso en el que, a lo largo de muchas vidas, el mortal común, esencialmente lleno de fallas e imperfecto, se moldea y transforma gradualmente hacia un estado de perfección: la Budeidad. Es un proceso de autoperfección que requiere esfuerzos minuciosos para acumular causas positivas mientras se esfuerza por extinguir los efectos de causas negativas pasadas y evitar nuevas causas negativas.
Sin embargo, en el budismo Nichiren, el logro de la Budeidad se rige por un principio más profundo de causalidad, como se revela en el Sutra del loto.
Tal como somos
El Sutra del loto ofrece una visión radicalmente diferente del ser humano y del logro de la Budeidad. En la perspectiva del Sutra del loto, la ilusión y la iluminación (el mortal común y el Buda) son dos aspectos o posibilidades inherentes por igual a la vida, aunque la vida es neutra en sí misma. Si bien la condición “defectuosa” de la humanidad puede ser la de la ilusión falaz, manifestar nuestra Budeidad no requiere un cambio fundamental en nuestra naturaleza. De hecho, la idea de que la Budeidad es de alguna manera remota a nuestra realidad cotidiana es en sí misma una ilusión.
Esta diferencia entre los puntos de vista sobre la iluminación entre las enseñanzas anteriores al Sutra del loto y las del Sutra del loto en sí, también puede explicarse mediante el concepto de los Diez Mundos. Este concepto describe nuestro estado interior de vida en cualquier momento en términos de diez “mundos”, desde el infierno hasta la Budeidad, en los que nos movemos constantemente dependiendo de cómo dirigimos nuestra vida y cómo respondemos a nuestro entorno. En las enseñanzas anteriores al Sutra del loto, los mortales comunes llevan a cabo la práctica budista en los nueve mundos (causa) y, finalmente, alcanzan la budeidad (efecto). Los nueve mundos desaparecen completamente, reemplazados por el mundo de la Budeidad.
El Sutra del loto, por otro lado, aclara que la Budeidad y los otros nueve mundos son posibilidades inherentes y eternas de la vida en cada momento. A través de la fe y la práctica, el mundo de la Budeidad, que está inactivo, se manifiesta y los nueve mundos se retiran a un estado de inactividad. Esta perspectiva revolucionaria de “alcanzar” la Budeidad se expresa en el concepto de la simultaneidad de causa y efecto. Los nueve mundos (“causa”) y el mundo de la Budeidad (“efecto”) son, de hecho, potencialidades inherentes que existen simultáneamente en nuestras vidas. El concepto está simbolizado por la planta del loto, que produce flores (que simbolizan al mortal común) y frutos (que simbolizan la Budeidad) al mismo tiempo.
Aquí y ahora
La diferencia entre estas dos visiones de la Budeidad podría describirse usando la analogía de un videojuego. La visión convencional del proceso de iluminación es como el recorrido que hace un personaje del juego, superando gradualmente una serie de secuencias en las que acumula diversos poderes y herramientas útiles, mientras pasa con éxito a las etapas más avanzadas del juego.
En la visión de la iluminación del Sutra del loto, el personaje del juego desde el principio ya posee todos los poderes y herramientas posibles, y solo requiere un medio para desbloquearlas.
La entonación de Nam-myoho-renge-kyo con fe en el estado de Budeidad inherente podría compararse con la activación del “código” que desbloquea este potencial. La práctica del budismo Nichiren se refiere a la manifestación del potencial de la Budeidad aquí y ahora.
En términos reales, esto significa que cuando aprovechamos el poder inherente de nuestra Budeidad, podemos superar cualquier dificultad y establecer el camino de una vida feliz y victoriosa. Además, a medida que la orientación fundamental de nuestra vida se convierte en una de esperanza y compasión, incluso nuestras debilidades y carencias pueden funcionar de manera positiva, convirtiéndose en una fuente de comprensión y consideración hacia los demás. Sin embargo, esto no significa que trascendamos completa y finalmente nuestra ilusión.
Cuando emerge la naturaleza iluminada, caracterizada por el coraje, la sabiduría, la compasión y la fuerza vital, uno está preparado para comprometerse plenamente con los problemas de la vida, cambiar la realidad para mejor y hacer de la iluminación una realidad.
Los problemas y los desafíos, en este sentido, nos sirven para demostrar la fuerza y la realidad de nuestra naturaleza iluminada e inspirar a otros a hacer lo mismo. El budismo trata sobre el hecho de vivir con confianza y ampliamente aquí y ahora. El componente clave es la fe en nuestra naturaleza intrínsecamente iluminada.
Cuando tenemos plena confianza en nuestra naturaleza búdica y nuestra capacidad para transformarnos y triunfar sobre cualquier tipo de sufrimiento, los problemas se convierten en desafíos para ser enfrentados en lugar del deseo de evitarlos. Esta postura de confianza y determinación frente a las dificultades es, en sí misma, una manifestación de nuestra naturaleza de Buda y de acuerdo con el principio de la simultaneidad de causa y efecto, asegura una vida victoriosa.
